El Monasterio
El Monasterio —Vuestro bailÃo es un valiente soldado; y vuestros vasallos tienen el deber de empuñar las armas para defender a la Santa Iglesia, pues es condición expresa de su arrendamiento. Si no quieren defender a la Iglesia que les da el pan, los dominios que cultivan se transmitirán a otros.
—No faltaremos —repuso el abad dándose importancia—, no faltaremos; se hará todo cuanto sea posible en beneficio de la Santa Iglesia. Iréis vos mismo a avisar al bailÃo. Pero hay algo más: la querella que sostenemos con el guardián del puente y el barón de Meigallot, ¿cómo va a terminar? ¡Santa MarÃa! Las zozobras, las contrariedades se multiplican de tal modo, que no sé ya a qué atender. Me habéis dicho, padre Eustaquio, que examinarÃais nuestro archivos para averiguar si efectivamente los peregrinos tenÃan derecho a pasar gratuitamente sobre ese puente.