El Monasterio
El Monasterio Esta aprobación general, al darme idea de mi importancia, influyó notablemente en mi constitución. ComÃa con más apetito; digerÃa con más facilidad, dormÃa tranquilamente, y, cuando me levantaba, volvÃa a medir, a examinar y a comparar ciertas partes del inmenso edificio. Con bastante sentimiento del boticario del pueblo, no tenÃa ya dolores de cabeza, ni dolores de estómago, dolores que solo tuve cuando me faltaban otras ocupaciones: habÃa encontrado una verdadera panacea, sin buscarla, y era feliz porque tenÃa algo que hacer. En una palabra, me convertà en el anticuario de aquel lugar, y creÃa merecer este nombre.