El Monasterio
El Monasterio Habló brevemente con el guardián del puente, y consiguió hacerlo más tratable. Le recordó que su padre habÃa sido vasallo del monasterio, que su hermano no tenÃa hijos, que, cuando muriera, sus bienes volverÃan a la iglesia, y entonces el abad podrÃa disponer de ellos, por lo que debÃa estar en buenas relaciones con él para cuando ese caso llegara. Al principio, Pedro contestó con injurias; pero, como el subprior le atacaba por su flaco, es decir, por el interés, se contuvo y prometió dejar pasar gratuitamente hasta la próxima Pascua de Pentecostés a todos los peregrinos que fueran a pie al monasterio; los jinetes, jamás se habÃan negado a satisfacer el derecho de peaje. Encantado de haber terminado amigablemente una discusión que tanto perjudicaba a la comunidad a que pertenecÃa, el padre Eustaquio prosiguió su camino.