El Monasterio
El Monasterio El subprior se habÃa detenido en la torre más de lo que se proponÃa, y el sol empezaba ya a desaparecer del horizonte cuando el fraile salió de la torre de Glendearg.
Un viento del Este silbaba entre las hojas secas, y cortaba las débiles ramas que pendÃan aún de los árboles.
—¡Ay! —pensó el padre Eustaquio—. Asà es como en la senda de la vida nuestra perspectiva se hace más sombrÃa a medida que avanzamos. ¿Qué he ganado en mi viaje? La certidumbre de que la herejÃa trabaja en contra nuestra con actividad extraordinaria, y de que la impiedad, que induce a saquear las propiedades de la Iglesia, extendida ya por todos los distritos del Este de Escocia, avanza a pasos agigantados hacia nosotros.
El ruido del paso de un caballo que caminaba detrás de él interrumpió las reflexiones del subprior, quién, al volver la cabeza, reconoció a Cristián.
—Buenas noches, hijo mÃo; que Dios os bendiga —dijo, cuando el soldado pasó junto a él; pero este hizo un ligero movimiento de cabeza, y, apretando los ijares de su cabalgadura, partió al trote, dejando bien pronto al fraile y su mula muy atrás.