El Monasterio
El Monasterio Desde allí contempló con inquietud los objetos que le rodeaban. Al frente, elevábase una roca enorme, en una de cuyas quebraduras crecía un viejo abeto que extendía sobre la fuente su verde ramaje cubriéndola casi por completo. Las montañas eran tan elevadas por ambos lados, y estaban tan próximas unas de otras, que, solo a mediodía y durante el solsticio del verano, llegaban los rayos del sol a aquel lugar desierto y salvaje.
Era precisamente la época y la hora en que la brillante imagen del astro se reflejaba sobre el límpido cristal del arroyo.