El Monasterio

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A causa de la situación retirada de la torre de Glendearg, ambos hermanos eran considerados casi como extranjeros, hasta en las aldeas más cercanas; pero su amor y su celo por María no cambiaron en nada las disposiciones de los campesinos que la creían llovida del cielo. Sin embargo, se le mostraba, si no afecto, cierto respeto; y el cuidado que el subprior se había tomado en educarla, juntamente al nombre de Julián Avenel, que en aquellos tiempos era cada vez más temible, daban cierta importancia a la joven, cuya amistad buscaban algunas personas por vanidad, mientras los más tímidos inculcaban a sus hijos sentimientos de respeto a la noble huérfana.

Así, pues, poco amada por ser poco conocida, María Avenel era objeto de una veneración misteriosa que debía al temor que inspiraban los merodeadores de su tío, a la amistad del subprior y a las ideas supersticiosas que imperaban en toda la comarca.

Esta fue también, poco más o menos, la sensación que experimentó Mysie al encontrarse sola con una joven de clase superior a la suya, y de cuyo aspecto se diferenciaba también notablemente, pues el molinero había aprovechado la primera ocasión que se le presentó para ir a la granja, para ver lo que allí había, y calcular, poco más o menos, a cuánto ascendía la cosecha y cuánto representaba para el molino.


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