El Monasterio
El Monasterio —¡Joven insensato! —decÃale—. ¡Me habéis atraÃdo a una emboscada para abreviar el curso de mis dÃas!
—Os juro, por…
—No juréis por el Cielo, que es trono de Dios; ni por la tierra, que es su escabel; ni por las criaturas, que son obra suya. Decid sà o no, pero la verdad. ¿Qué motivo os ha impulsado a inventar una fábula para conducir a este sitio agreste a un viajero ya extraviado?
—Tan verdad como soy cristiano, que aquà he dejado a un caballero inglés bañado en su propia sangre. Al no verlo ahora aquÃ, sospecho que bajo este montÃculo reposan sus despojos mortales.
—¿Y cómo se llama ese hombre cuyo destino tanto os preocupa? ¿Cómo es posible que lo hayan transportado ya lejos o que le hayan dado sepultura?
—¿Cómo se llama?… Su nombre es Piercie Shafton. Aquà lo he dejado ensangrentado, aquà están las señales de su sangre, esta es su casaca. ¿Cómo no se encuentra ya aqu� Lo ignoro en absoluto.