El Monasterio
El Monasterio —Os convenceréis de ello si no tenéis más astucia que él; sin embargo, es posible que se haya separado de la comunión de la Iglesia para seguir la senda de la herejÃa.
—La senda de la herejÃa —contestó Warden— es, efectivamente, muy estrecha, y el que la sigue no se aparta de ella ni por los intereses del mundo, ni para escuchar las pasiones humanas. No conozco personalmente a este barón, de Avenel, que no es de nuestra congregación; pero traigo para él cartas escritas por personas a quienes debe temer, si no las respeta, y, en esta confianza no temo presentarme en su castillo.
—Permitidme, sin embargo, que os dé algunos consejos que creo útiles para vuestro gobierno, pues conozco bien el paÃs y a sus moradores. Si podéis asilaros en otra parte, no entréis en el castillo de Avenel; pero si estáis decidido a presentaros en él, procurad, al menos, que Julián os entregue un salvoconducto, y hacedle jurar sobre la cruz negra. Observad también si se sienta a la mesa con vos y si lleva a sus labios la copa de la hospitalidad antes de ofrecérosla, y, si asà no lo hace, desconfiad de sus intenciones.
—¡Ay! Este castillo es el único lugar donde por el momento puedo encontrar asilo; pero vos mismo, joven, ¿no teméis penetrar en ese antro peligroso?