El Monasterio
El Monasterio Nada tuve ya que oponer al bondadoso benedictino sino mi incapacidad para cumplir la tarea que tenÃa a bien imponerme, respecto a la cual me dijo algo que mi modestia no me permite repetir.
—En último término —agregó—, si dudáis de vuestras propias fuerzas, dirigios a un veterano de la literatura, cuya experiencia suplirá la que teméis que os falte.
Nos separamos muy afectuosamente, y desde entonces no he vuelto a oÃr hablar de él.
La extensión del manuscrito que me habÃa entregado me asustó, a pesar de lo cual intenté varias veces leerlo; pero, por una fatalidad inconcebible, cada vez que lo abrÃa, me entraban ganas de bostezar, mis ojos se empañaban y me veÃa obligado a guardarlo de nuevo. Como último recurso lo llevé al club en el que se me dispensó una acogida mucho más favorable de lo que me atrevÃa a esperar, y los contertulios declararon por unanimidad que era un excelente trabajo, que no debÃa permanecer inédito porque esclarecÃa la historia del antiguo monasterio de Santa MarÃa, en beneficio de la localidad.