El Monasterio
El Monasterio Este vencedor de los elementos, este observador del tiempo y del espacio, este mago que su vara mágica ha realizado tales prodigios en el globo, aunque sus efectos, a pesar de ser tan extraordinarios, empiezan ahora a notarse; ese hombre tan profundo por su ciencia, tan feliz en la combinación de las potencias motrices con los números, era no solo uno de los cerebros mejor organizados, sino también uno de los corazones más nobles del mundo. Watt, como decÃa, se encontraba entre varios sabios escoceses, gentes no menos celosas de su gloria y de sus opiniones que lo son los regimientos que la conquistaron en los campos de batalla. Paréceme estar viendo y oyendo todavÃa lo que no volveré a ver ni oÃr más: el anciano, que habÃa cumplido ya ochenta y cinco años, escuchaba tan benévolamente a todos y se apresuraba tanto a satisfacer las preguntas que se le dirigÃan, que parecÃa que sus conocimientos eran universales. A un sabio filólogo le hablaba del origen del alfabeto, como si hubiera sido contemporáneo de Cadmus. A un célebre crÃtico, le argumentaba como si no hubiera hecho durante toda su vida otra cosa que estudiar economÃa polÃtica y bellas artes.
De ciencias, hablaba como si todas le fueran familiares.