El Monasterio
El Monasterio —Padre —repuso Eduardo, observando que el subprior se abstenÃa de explicar los motivos que le hacÃan considerar probable la historia de sir Piercie Shafton—, padre, pues para mà habéis sido un padre verdadero, ya sabéis que mi mano ha cogido siempre con más gusto un libro que un sable, y que no poseo el espÃritu belicoso y emprendedor de…
Al llegar aquÃ, le faltó la voz; pero, después de un intervalo de algunos instantes, añadió con vivacidad:
—Todo ha cambiado. Ahora soy el representante de mi hermano y de mi padre, y estoy obligado a obrar como hubieran obrado ellos. Por este motivo os declaro, padre mÃo, respetuosa pero firmemente, que la sangre de este hombre ha de pagar la de mi hermano, si la ha derramado él. Esperaré con paciencia el fallo que pronuncien el abad y su cabildo contra el asesino de uno de sus antiguos vasallos. Si hacen justicia a mi hermano, ¡alabado sea Dios!; pero si el linaje de este hombre impide a los monjes de Santa MarÃa castigarlo, mi brazo lo castigará. El que recoge la sucesión de su hermano, debe vengarle.