El Monasterio

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CAPÍTULO XXVIII

«Si está en libertad, solo a mí tiene que agradecerlo. Las leyes pueden castigarme, pero mi nombre vivirá en la memoria de muchas gentes. Moriré mártir, pero el valor no me abandonará jamás».

(Los dos nobles parientes).

Al abandonar la estancia que debía servir de prisión a sir Piercie Shafton y en la que habían empezado a hacerse los preparativos necesarios para que pudiera pasar en ella la noche, el subprior de Santa María dejaba tras de sí a una persona llena de profunda aflicción.

El aposento de María Avenel se comunicaba con el comedor; pero, como no recibía más luz que la que entraba por un pequeño ventanillo, la joven fue trasladada al lado de una ventana, a donde fue seguida de la familia.

En esta sala fue donde el subprior había interrogado al caballero inglés, y donde había sido encerrado, porque era más fácil vigilarle en ella que en la habitación que ocupaba. La habitación que comunicaba con esta sala, aunque muy reducida, había sido compartida con Mysie Happer, pues antiguamente, y aun en la actualidad, las casas de Escocia eran menos grandes que la hospitalidad de sus propietarios, y cuando a ellas llegaban muchos huéspedes se recurría a todos los medios para alojarlos.


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