El Monasterio
El Monasterio —Sà —contestó la molinera—; han cerrado esta puerta mientras estaba en el dormitorio de MarÃa Avenel.
—Pues bien, quedaos ahà hasta mañana, puesto que asà lo ha dispuesto vuestra suerte.
—¡Cómo! —exclamó Mysie considerándose ofendida por esta proposición—. ¡Cómo! ¡HabÃa de quedarme aquà un momento más, cuando puedo salir sin que el extranjero lo advierta siquiera! Por todos los dominios de Santa MarÃa no permanecerÃa en una habitación que comunica con la de un hombre. ¿Por quién me tomáis? La hija del molinero Happer no acostumbra poner su reputación en peligro.
—Entonces, salid —dijo Eduardo abriendo la puerta.
La noche era muy obscura, y no habÃa ninguna luz en la escalera, cosa que Mysie habÃa observado mirando antes por el agujero de la cerradura. Al salir de la habitación, cogió el brazo de Eduardo como para apoyarse en él, colocándose de este modo entre él y sir Piercie Shafton que la seguÃa descalzo, pudiendo asà llegar muy despacio hasta la escalera.
Mysie preguntó a Eduardo cómo podrÃa proporcionarse una luz.
—No puedo ir a buscarla —respondió—. Me es imposible abandonar mi puesto; pero encontraréis fuego en la sala grande.