El Monasterio
El Monasterio Advierto que he dado al olvido lo que me había propuesto, que era demostraros que conozco perfectamente a vuestra familia. No habéis nacido de una mujer, pues solo metafóricamente puedo decirle que María Edgeworth es la madre de la familia más hermosa de Inglaterra. Tenéis los mismos parientes que los editores de Utopía, a quienes estimo mucho porque entre ellos se encuentra el sabio Cide Hamete Benengeli, y el presidente de Cara Corta del círculo del Espectador, personajes que sirvieron de introductores a las obras que nos han deleitado en nuestros momentos de ocio.
Los editores de la clase en que me permito incluiros, son, solo por circunstancias fortuitas, poseedores de las obras que después ofrecen al público: a uno que se pasea por la orilla del mar, una ola complaciente arroja a sus pies una cajita cilíndrica que contiene un manuscrito, que, a pesar de estar completamente deteriorado, logra descifrar; otro entra en una tienda a comprar una libra de manteca y se la envuelven en la obra de un cabalista; un tercero obtiene de una mujer que alquila habitaciones una mesita de escritorio que perteneció a uno de sus inquilinos, y encuentra en uno de los cajones del mueble documentos muy curiosos. Todo esto es verosímil, pero semejantes cosas solo le ocurren a los editores de vuestro país.