El Monasterio
El Monasterio Y continuaron el viaje con gran júbilo de la molinera. Para que este fuera más agradable, sir Piercie Shafton contó a la hija del molinero, en su estilo culterano, anécdotas de la corte de Inglaterra; y aunque no comprendiera la décima parte de lo que le decÃa, Mysie le escuchaba con suma atención y complacencia.
La molinera admiraba al caballero inglés, y este, que estaba en su elemento, seguro del interés y de la aprobación de su auditorio, soltó las frases más obscuras y más extravagantes de su vasto repertorio.
Al mediodÃa llegaron los fugitivos a la orilla de un arroyuelo, junto al cual se elevaba un castillo señorial circundado de grandes árboles. A poca distancia habÃa una aldea, en cuyo centro se destacaba la iglesia.
—Conozco esta aldea —dijo Mysie—. Aquà hay dos posadas, la más pequeña será para nosotros la mejor, porque está apartada del resto del pueblo. Además, el amo no me es desconocido, pues ha comprado muchas veces harina a mi padre.