El Monasterio
El Monasterio Al caballero, que empezaba a estimar a su compañera de viaje y estaba encantado de ver la atención con que le escuchaba, estas pocas palabras bastaron para recordarle la enojosa circunstancia del linaje de Mysie. Esto no obstante, guardó silencio; pero ¿qué habría podido decir? ¿Acaso no era natural que la hija de un molinero conociera a los posaderos a quienes su padre vendía harina? En todo esto solo era extraño el cúmulo de circunstancias que habían hecho que una joven de tan baja estirpe fuera el guía y la compañera de sir Piercie Shafton, primo del conde de Northumberland, a quien los príncipes y hasta monarcas llamaban primo[23].
El caballero se detuvo ante la puerta de la pequeña posada; pero Mysie, siempre alerta e inteligente, le evitó el sonrojarse, pues saltó vivamente del caballo y, acercándose al dueño que se había presentado a dar la bienvenida a los recién llegados, le refirió un cuento tan singular, que sir Piercie, que no brillaba por su inventiva, no podía volver de su sorpresa.