El Monasterio
El Monasterio —El mundo, padre, enaltece vuestra sabidurÃa y el conocimiento que tenéis del corazón humano; pero la pregunta que me hacéis revela que nunca habéis amado. Haciendo un gran esfuerzo, conseguà no odiar a mi bondadoso y tierno hermano, quien, no sospechando que yo era su rival, me colmaba de afecto. Hasta habÃa momentos en que me creÃa capaz de corresponder a su ternura, como la última noche que pasé a su lado, a pesar de lo cual no pude por menos de regocijarme cuando supe que no podrÃa ser obstáculo para la realización de mis deseos. Cuando me enteré de que no habÃa muerto…
—¡Que Dios os proteja, hijo mÃo! ¡Estáis en el mismo estado de ánimo que CaÃn, cuando levantó la mano sobre su hermano Abel, porque los sacrificios de este eran más agradables al Señor que los suyos!
—Lucharé contra el demonio que me persigue, padre; sÃ, lucharé contra él y lo venceré; pero no podrÃa soportar la alegrÃa de MarÃa Avenel cuando vuelva a ver al amante preferido. Ese espectáculo podrÃa convertirme en un segundo CaÃn. ¿Acaso sé dónde podrÃa llevarme la desesperación?
—¡Desgraciado! ¡En qué espantoso crimen os atrevéis a pensar!