El Monasterio

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El abad, en expectación, adoptó una actitud más imponente que de costumbre, cuando dio aquella noche las órdenes que las circunstancias reclamaban; y los que se aproximaron a él vieron brillar sus ojos de águila, y colorearse sus mejillas, ordinariamente pálidas. Escribió, o dictó, con precisión y claridad, cartas a todos los barones de los contornos, informándoles de la invasión proyectada por los ingleses y conjurándolos a que hicieran causa común con la abadía de Santa María; hizo también algunas promesas de concesiones, e intentó despertar en todos el patriotismo, mostrándoles lo peligroso que era que el extranjero pusiera sus plantas en Escocia. En otra época, estas exhortaciones no habrían sido necesarias, porque la población en masa se hubiera levantado al solo rumor de una invasión; pero el apoyo de Isabel a los protestantes de Escocia era tan decidido, y este partido se iba haciendo tan numeroso, que era de temer que gran número de barones permanecieran neutrales, si no hacían causa común con los invasores.

Cuando el padre Eustaquio tuvo la lista de los vasallos con cuyo socorro podía contar legalmente, y vio que su número era considerable, lamentó verse obligado a alistarlos bajo la bandera de Julián Avenel.



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