El Monasterio

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En estas solemnes ocasiones acostumbraba ponerse sobre las rodillas una antigua espada escocesa que había pertenecido a sus antepasados antes de que ningún individuo de su familia hubiera sido vasallo del monasterio de Santa María. En los tiempos modernos, Simón Glendinning habría podido vivir cómodamente con el producto de sus tierras, aunque renegando de su suerte, que le obligaba a permanecer en ellas y le impedía conquistar la gloria en los campos de batalla; pero como en aquella época turbulenta se necesitaban muchos soldados, y era natural que se pidiera al que hacía alarde de bravura que diese pruebas de su valor, viose obligado a alistarse bajo la sagrada bandera de Santa María, en la desastrosa campaña que terminó con la derrota de Pinkie.

El clero católico tenía vivo interés en la querella nacional, que se proponía impedir el matrimonio de la joven reina de Escocia, María, con el hijo del hereje Enrique VIII. Los frailes habían puesto sobre las armas a sus vasallos bajo el mando de jefes experimentados, y muchos se habían regimentado y desplegaban un estandarte que ostentaba, pinada, una mujer de rodillas con las manos y la vista elevadas al cielo, en actitud de pronunciar las palabras de la leyenda: Afflictæ Sponsæ ne obliviscaris[6]. Se suponía que esta figura de mujer era la representación de la Iglesia de Escocia.


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