El Monasterio
El Monasterio Además, en todas las guerras, faltaron a los escoceses más generales prudentes y hábiles que jefes entusiastas. Estos, impulsados siempre por su temeridad, precipitaban las batallas, sin tener en cuenta su posición ni la que ocupaba el enemigo e inevitablemente sufrÃan frecuentes desastres. Simón Glendinning murió con otros diez mil hombres en la batalla de Pinkie, muerte gloriosa y digna de la ilustre familia de que él era el último descendiente.
Cuando la noticia fatal, que impuso a toda Escocia el duelo y la consternación, llegó a la torre de Glendearg, Elspeth Brydone, viuda de Simón, encontrábase en su morada sola con dos ancianos servidores a quienes la edad impedÃa combatir y dedicarse a las faenas agrÃcolas, y con las viudas y los hijos de los que habÃan sucumbido luchando al lado de su señor.
El desconsuelo era general. Los frailes de Santa MarÃa, señores del pueblo de Kennaquhair y de otros, habÃan sido expulsados de la abadÃa por los ingleses que invadÃan el paÃs, obligando a sus habitantes a someterse, al menos aparentemente.