El Monasterio
El Monasterio El protector Somerset, acampado y atrincherado en las ruinas del antiguo castillo de Roxburhg, obligaba a los habitantes del contorno a solicitar su protección. No quedaban medios de resistencia; los pocos nobles cuya altivez impedía inclinar la cabeza ante el yugo inglés, veíanse obligados a refugiarse en los sitios más inaccesibles, abandonando sus castillos y sus bienes a los invasores. Estos enviaban por todas partes destacamentos para arruinar, con exacciones militares, las casas y las tierras de los señores que no habían querido someterse. Las posesiones del abad de Santa María, que se había retirado más allá de Forth con todos los hermanos, fueron tratadas con tanto más rigor cuanta mayor oposición habían estos mostrado a la proyectada alianza.
De las tropas encargadas de este servicio formaba parte un pequeño destacamento mandado por el capitán Stawarth Bolton, soldado dotado de la franca bravura y de la generosidad sin altivez que tan frecuentemente distinguieron a los soldados ingleses. Como toda resistencia era inútil, cuando la viuda de Simón vio avanzar por el valle a una docena de soldados mandados por un jefe de brillante armadura y pluma flotante en el casco, salió de su torre, vestida de luto, y llevando de la mano a sus dos hijos, muy pequeños aún. Adelantose hacia el capitán inglés, le refirió sus desgracias, puso a su disposición todos sus bienes e imploró merced.