El Monasterio
El Monasterio —Madre mÃa —pregunto Eduardo tÃmidamente—, ¿es permitido rezar por un hereje?
—Dios, a quien invoco, juzgará —contestó la madre exhalando un suspiro—; pero las palabras hombre del Sur y hereje han costado ya a Escocia diez mil de sus hijos más valientes, y nos han privado, a vosotros de vuestro padre y a mà de mi esposo. Mi más ferviente deseo es no volver a oÃr tales palabras. Seguidme a la torre —agregó dirigiéndose a Brittson—, y cuanto me pertenece está a vuestra disposición.