El Monasterio
El Monasterio María Avenel, preciosa criatura, que acababa de cumplir seis años, fue colocada sobre el lomo de Shagram, entre dos fardos. Lady Avenel caminaba al lado del caballo, que Tibb conducía por la brida, y Martín, armado de un grueso bastón, abría la marcha para reconocer el terreno.
A las dos o tres millas, la tarea de Martín se hizo más difícil y penosa. Los pastos, que conocía perfectamente, estaban al oeste de su vivienda, y era preciso dirigirse al Este para llegar al valle de Glendearg.
En aquella parte de Escocia, el país está tan cortado por las montañas, que el viajero se ve obligado a subir y bajar constantemente, buscando los desfiladeros y apartándose insensiblemente de la línea recta. Y esto fue precisamente lo que hizo el pastor en el ejercicio de sus funciones de guía; pero, al fin, lo advirtió y viose en la necesidad de confesarlo.
—De todos modos —decía—, no podemos estar muy lejos de Glendearg; estoy seguro de que la torre se encuentra al otro extremo de los pantanos.