El Pirata
El Pirata Aproximábase el dÃa de la fiesta; pero Mordaunt, sin el cual, poco tiempo antes, no se habrÃa celebrado un solo acto de regocijo en la isla, no recibÃa invitación, mientras que los isleños sólo hablaban del favor de que gozaba el capitán Cleveland en casa del viejo udaller de Burgh-Westra. Swerta y el ranzelmán, casi siempre por medios indirectos, daban a entender a Mordaunt que él mismo se habÃa atraÃdo aquella desgracia socorriendo a un náufrago que hubiese sido arrastrado al mar por el reflujo de la primera ola.
—No es bueno oponerse a los caprichos del mar —decÃa Swertha.
—Cierto —contestaba el ranzelmán—; el hombre prudente no arrebata su presa a las ondas ni a la cuerda. Es peligroso socorrer a un hombre a medio ahogar o medio ahorcado; ocasiona siempre desgracias. Y, si no, ¿quién mató de un tiro al difunto Will Paterson en la altura de Noss? Precisamente el holandés a quien habÃa salvado del agua. Arrojar una tabla o un cable a un hombre que se ahoga, puede ser, quizá, una obra de misericordia; pero os expone a algún peligro.
—Vos sois un hombre prudente y un digno hombre, ranzelmán; vos ayudáis a un vecino cuando lo necesita, tan bien como cualquiera, y nunca habéis echado la red.
