El Pirata
El Pirata Si, según afirmación de Baby, un hambriento se hubiera podido alimentar con el humo que salía de las chimeneas de Burgh-Westra y que el viento llevaba hasta las vecinas montañas, los sordos habrían podido oír el ruido que sonaba en las inmediaciones del palacio.
Un espectáculo animadísimo atraía igualmente la atención. Veíanse llegar en todas direcciones grupos de amigos, cuyas caballerías, en el momento que los jinetes se apeaban, tomaban el trote para volver a sus pastos, que era la forma usual de licenciar una caballería que se había reclutado sólo para el servicio de un día. Otros, vecinos de las islas inmediatas, venían por mar y desembarcaban en una pequeña y cómoda ensenada, que servía también de puerto al palacio y a la aldea. Los viajeros deteníanse con frecuencia para saludarse mutuamente, encaminándose por grupos a la morada de Magnus, cuyas puertas se abrían de par en par para que entrasen los huéspedes.
