El Pirata
El Pirata Los que acababan de entrar venían disfrazados de tritones y sirenas, según se acostumbraba en las fiestas análogas a la que se estaba celebrando. Los tritones eran representados por jóvenes vestidos grotescamente con cabelleras y barbas postizas hechas de filásticas, y con unos sayos de tela ordinaria, de color azul verdoso, producto de aquellas islas. Adornábanlos sartas de corales, conchas y otras producciones marinas, e iban armados de tridentes y llenos de diferentes emblemas característicos de las antiguas divinidades que pretendían representar. Claudio Halcro, cuyo gusto clásico había dirigido aquel disfraz, puso en manos de des de aquellas deidades acuáticas dos enormes caracoles de mar o bocinas, cuyo ronco y desapacible sonido ensordecía aún a los mismos tritones.
Las sirenas iban vestidas con más gusto y llevaban más adornos que los dioses marinos que las escoltaban. Sus sayas de seda y de otras telas preciosas de color verde habían sido cortadas caprichosamente, pero respondiendo a la idea que se habían formado de aquellas diosas fantásticas, y de medo que realzasen la hermosura de su talle y las gracias de las bellas jóvenes que las vestían. Sus joyas eran muchas y valiosísimas.
