El Pirata
El Pirata Para no aburrir a nuestros lectores refiriéndoles detalladamente todas las diversiones que aquel día se celebraron en casa de Magnus Troil, diremos sólo que la mesa volvió a gemir bajo el peso de los manjares que se sirvieron; los convidados hicieron honor a la comida con gran apetito; los hombres bebieron a grandes tragos; las mujeres rieron a carcajadas; Claudio Halcro recitó nuevas poesías, hizo juegos de manos y elogió repetidamente a Juan Dryden; el udaller brindó entonando canciones báquicas, a las que se contestaba en coro; y, por último, la velada se pasó en el gran almacén a que Magnus llamaba su sala de baile.
Entonces, y encontrándose en aquel sitio, Cleveland se acercó al udaller, que estaba sentado entre sus dos hijas, y le anunció su propósito de marchar a Kirkwall en un pequeño bergantín que había fletado Bryce Snailsfoot para ir en busca de nuevas mercancías, por haber despachado rápidamente todos las que trajo.
Magnus sorprendióse y se disgustó de esta repentina decisión, y preguntó a Cleveland ásperamente, que desde cuándo prefería la compañía de Bryce Snailsfoot a la suya. Cleveland contestóle, con el tono de ruda franqueza propio de un marino, que el viento y la marea no aguardaban y que tenía motivos poderosos para ir a Kirkwall antes del tiempo en que pensaba el udaller hacer su viaje; que esperaba verle en la gran feria, y que quizá pudiera acompañarle a su regreso.
