El Pirata
El Pirata La superstición, que muy arraigada en Europa, se había extendido hasta aquel lejano archipiélago, había dado gran celebridad a la iglesia de San Ninián, que a la sazón se encontraba en ruinas. Las islas de Shetland tenían sus santos, sus capillas, sus reliquias, y aunque poco conocidos en el resto del mundo, eran objetos que atraían el homenaje de los sencillos habitantes de Tule, a quien imponían respeto. Los isleños tenían una gran veneración, aunque sumamente supersticiosa, a la iglesia de San Ninián, o como la llamaron después en todo el distrito, de San Ringán. Esta devoción supersticiosa doblase principalmente a que dicha iglesia estaba edificada a la orilla del mar, y frecuentemente servía de punto de orientación a los pescadores que se encontraban con sus barcos en alta mar. La superstición aglomeró tantas prácticas, que el clero reformista creyó de su deber solicitar una orden de los tribunales eclesiásticos prohibiendo celebrar el servicio religioso fundándose en que el culto con que eran los santos venerados y otras doctrinas erróneas de la Iglesia romana, sólo servían de entretenimiento a rústicos e ignorantes campesinos.
