El Pirata
El Pirata Trasladémonos con el lector a las islas Orcadas y detengámonos ante alas ruinas de un antiguo edificio conocido por el nombre de Palacio del Conde, cuyos restos, aunque sumamente maltratados, se conserven aún junto a la venerable iglesia que la devoción noruega dedicó a San Magnus mártir. El citado palacio está casi tocando con el del obispo, que también se encuentra ruinoso, y uno y otro afectan la imaginación y traen a la memoria el recuerdo de los trastornos, religiosos y políticos, desarrollados en las islas Orcadas, menos expuestas, sin embargo, a los males de la guerra y a los de las revoluciones que muchos otros países del mundo. Con ciertas modificaciones oportunas, serían aprovechables aún muchos trozos de aquellos edificios arruinados, para viviendas góticas, siempre que los arquitectos se contentasen con imitar lo que es realmente bello, y no formaran un conjunto caprichoso de este orden de arquitectura y no mezclaran caprichosamente los diversos estilos civiles, eclesiásticos y militares de todos los siglos.
