El Pirata
El Pirata Retrocedamos para llevar a nuestros lectores al lado de Mordaunt Mertoun, a quien dejamos gravemente herido.
Aunque pálido y débil a causa de la gran pérdida de sangre que había sufrido, encontrábase ya en la convalecencia. La hoja del puñal con que fue herido había resbalado en sus costillas y no le ocasionó sino una herida ligera. Los bálsamos y vulnerarías de la sabia Norna de Fitful-Head, quien antes de que Mordaunt recobrase el conocimiento, le hizo transportar a su singular habitación, lo habían curado.
Norna y el enfermo encontrábanse, a la sazón, en una isla más distante, a la que se habían traslado en una barca. No necesitamos decir que la bruja ejercía tal ascendiente en el espíritu supersticioso de sus conciudadanos, que éstos se apresuraban a ejecutar todas sus órdenes, cualesquiera que fuesen, y como, además, les imponía el más riguroso secreto, los incautos campesinos quedaban asombrados de los sucesos a que ellos habían contribuido, y que hubieran perdido todos sus caracteres de maravilla si cada cual hubiese revelado lo que había hecho o visto.
