El Pirata
El Pirata No había amanecido aún, cuando Mordaunt Mertoun hizo relevar las centinelas que estaban de guardia desde medianoche, y después de ordenar que las relevasen otras al salir el sol, se retiró a una salita del cuarto bajo. Puso sus armas cerca, tendióse a dormir sobre un taburete, y de pronto sintió que le tiraban de la capa en que estaba arrebujado.
—¿Ha salido el sol? —preguntó despertándose.
Los primeros rayos de la aurora brillaban en el horizonte.
—¡Mordaunt! —exclamó una voz cuyos acentos le conmovieron.
Miró el joven hacia el lado de donde salía, y reconoció con tanto placer como sorpresa a Brenda; pero al dirigirle la palabra quedó mudo de consternación al ver sus mejillas pálidas, sus labios trémulos, y sus ojos arrasados en lágrimas, revelando pesadumbre e inquietud.
—Necesitamos, Mordaunt —le dijo—, que nos facilitéis a mí y a mi hermana los medios de salir del castillo en silencio y sin asustar a nadie, porque vamos hasta las piedras llamadas el círculo de Stennis.
