El Pirata
El Pirata A las once de la mañana súpose en Kirkwall que el buque pirata había sido apresado por el Alción, noticia que produjo extraordinario regocijo a todo el vecindario.
Aquel día fueron pocas las transacciones que se hicieron en la feria, porque todos la abandonaron para salir al encuentro de los prisioneros. Los vecinos, recordando que se habían paseado por las calles con la misma desenvoltura con que lo habían hecho en país conquistado, lisonjeábanse ahora viéndolos tan abatidos. Delante iba un destacamento de soldados de marina, en cuyas bayonetas reflejaban los rayos del sol; detrás, los desgraciados prisioneros encadenados dos a dos. Sus hermosos vestidos destrozados, no eran ya más que harapos. Unos estaban heridos y cubiertos de sangre; otros ennegrecidos y quemados por la explosión que ellos mismos provocaron al intentar volar el buque. Algunos, al parecer, reflexionaban respecto a su situación, aunque la mayor parte afectaban una sombría impasibilidad. Unos pocos desafiaban su desgracia, repitiendo las canciones impías y obscenas con que habían escandalizado a Kirkwall cuando recorrían sus calles en medio del mayor desorden.
