Memorias de un burro

Memorias de un burro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CONCLUSIÓN

Desde aquel día mi buen amito Santiago pareció quererme más aún. Yo por mi parte, hice todo lo posible por hacerme útil y agradable, no sólo a él, sino a todas las personas de la casa.

No tuve que arrepentirme de los esfuerzos que había hecho para corregirme, porque todo el mundo se aficionó a mí más y más.

Yo continué velando sobre los niños, guardándolos de diversos accidentes, protegiéndolos contra los hombres y los animales malos.

Augusto nos visitaba con frecuencia; nunca olvidaba acercarse a mi, como lo había prometido, y me traía una golosina: ya una manzana, ya una pera, ya pan y sal, que me gustaba mucho, ya un puñado de lechugas o algunas zanahorias; nunca, en fin, olvidaba darme aquello que sabía que me apetecía. Lo cual prueba cuánto me había equivocado sobre la bondad de su corazón, que yo juzgaba malo porque el pobre chico había sido alguna vez tonto y vanidoso.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker