Cuestiones naturales
Cuestiones naturales XI. Otros dicen que las cimas de los montes deben estar tanto más calientes, cuanto más cerca se encuentran del sol. Pero se engañan a mi juicio, si creen que el Apenino, los Alpes y las otras montañas conocidas por su extraordinaria elevación, son bastante altas para experimentar los efectos de esta vecindad. Altas son relativamente a nosotros; pero comparadas con el conjunto del globo, su pequeñez es patente para todos. Pueden sobrepujar unas a otras, pero nada es bastante grande para que hasta la grandeza más colosal no desaparezca en el conjunto: no siendo asÃ, no podrÃamos decir que el orbe terráqueo es una bola. Propiedad de la bola es la redondez casi igual en todas sus partes, como lo ves en las pelotas de juego. Sus hendiduras y costuras no tienen grande importancia, ni impiden que se diga que es igualmente redonda por todos lados. De la misma manera que en la pelota las arrugas no afectan a la redondez, asà también en la superficie del globo las dimensiones de las montañas más elevadas nada son comparadas con el todo. Los que digan que las montañas más elevadas, recibiendo el sol más de cerca, se calientan más, pueden decir también que el hombre de estatura más alta debe experimentar más pronto el calor que el de pequeña estatura, y antes en la cabeza que en los pies. Pero el que estime al mundo con su verdadera medida, y reflexione que la tierra no es más que un punto en el espacio, comprenderá que no puede haber en su superficie altura tal que experimente con mayor intensidad la acción de los cuerpos celestes, como estando más cerca de ellos. Esas montañas tan altas para nosotros, esas cumbres cubiertas de nieves perpetuas, no dejan de encontrarse en lo profundo: sin duda está más cerca del sol el monte que el llano y el valle, pero de la misma manera que un cabello es más grueso que otro cabello, un árbol que otro árbol y una montaña que otra montaña. No siendo asÃ, podrÃa decirse que tal árbol está más cerca del cielo que tal otro, lo cual no sucede, porque no pueden existir grandes diferencias entre las cosas pequeñas, a menos de compararlas entre sÃ. Cuando se toma lo inmenso por punto de comparación, importa poco cuánto es más grande una de las cosas comparadas que la otra; porque por grande que sea la diferencia, siempre es entre cosas exiguas.