De la brevedad de la vida
De la brevedad de la vida Así pues, cuando veas su pretexta ya ostentada en ocasiones frecuentes, 20su nombre célebre en el foro, no los envidies: eso lo alcanzan con perjuicio de su vida. Con tal de que un solo año se numere por su nombre, echarán a perder todos sus años. A algunos, antes de que ascendieran a la cima de su ambición, los ha abandonado la vida en los preliminares de la lucha; a otros, cuando habían trepado a la más alta dignidad gracias a mil indignidades, les ha venido el funesto pensamiento de que han trabajado para el epitafio de su tumba; la extrema vejez de otros, mientras se apresta a nuevos proyectos, como en su juventud, ha fallado, impotente, en medio de unos empeños 2excesivos y porfiados. Penoso, aquel a quien ha abandonado su espíritu cuando, bien entrado en años, <exponía> en un juicio sus conclusiones a favor de unos litigantes absolutamente desconocidos y buscaba la aprobación de una concurrencia inexperta; vergonzoso, aquel que, cansándose más pronto de vivir que de trabajar, ha desfallecido en el ejercicio de sus funciones; vergonzoso, aquel de quien, al morir mientras le rinden cuentas, se burla su heredero largo tiempo defraudado. No puedo dejar de referir un ejemplo que me viene a las mientes. 3Sexto Turanio fue un anciano de cumplida laboriosidad que, pasados los noventa años, como había recibido de Gayo César la orden de jubilarse como procurador, mandó que lo pusieran en la cama y que la familia a su alrededor lo llorara como difunto. Estaba la casa de duelo por la cesantía de su anciano dueño y no puso fin a su tristeza hasta que le fueron restituidas sus funciones.[64] ¿Hasta tal punto es 4un gusto morir atareado? Idéntica actitud tienen los más: su deseo de trabajar les dura más que su capacidad; luchan contra el debilitamiento de su cuerpo y la vejez misma no la juzgan penosa por ningún otro motivo más que porque los relega. La ley deja de reclutar soldados a partir de los cincuenta años, de convocar a los senadores a partir de los sesenta; los hombres consiguen de sí mismos el retiro con 5más dificultad que de la ley. Entre tanto, mientras son arrastrados y arrastran, mientras uno interrumpe el reposo de otro, mientras mutuamente se hacen desdichados, su vida resulta sin provecho, sin placer, sin ningún progreso del espíritu: nadie tiene presente la muerte, nadie deja de concebir proyectos a largo plazo, algunos hasta organizan incluso lo que está más allá de la vida, las grandes moles de sus tumbas y las inauguraciones de obras públicas y las ofrendas junto a la pira y unas exequias suntuosas. Pero, por Hércules, sus funerales, como si hubieran vivido poquísimo, a la luz de antorchas y cirios han de marchar.[65]