Tratados morales
Tratados morales Un mal se opone a otro. Acostumbrémonos a poder cenar sin asistencia de pueblo, y a servirnos de menos criados, haciendo que los vestidos sean para el fin a que se inventaron, y reduciéndonos a vivir en casas más estrechas. Y no sólo hemos de volver atrás en la carrera y en la contienda pública del coso, sino también lo hemos de hacer interiormente en estos términos de la vida. Hasta el trabajo de los estudios, con ser tan ingenuo, en tanto se ajusta a la razón, en cuanto se ajusta al modo. ¿De qué sirven innumerables libros y librerÃas, cuyo dueño apenas leyó en toda su vida los Ãndices? La muchedumbre de libros carga, y no enseña; y asà te será más seguro entregarte a pocos autores, que errar siguiendo a muchos. Cuarenta mil cuerpos de libros se abrasaron en la ciudad de AlejandrÃa, hermoso testimonio de la opulencia real: alguno habrá que la alabe, como lo hizo Tito Livio, que la llamó obra egregia de la elegancia y cuidado de los reyes.