Tratados morales
Tratados morales ¿Faltará por ventura alguno que intente hacer injuria al sabio? —Intentarálo, pero no llegará a conseguirlo: porque le hallará con tal distancia apartado del contacto de las cosas inferiores, que ninguna fuerza dañosa podrá alcanzar hasta donde él está. Cuando los poderosos levantados por su imperio, y los que están validos por el consentimiento de los que se les humillan intentaren dañar al sabio, quedarán sus acometimientos tan sin fuerza como aquellas cosas que con arco o ballesta se tiran en alto, que aunque tal vez se pierden de vista, vuelven abajo sin tocar en el cielo. ¿Piensas que aquel ignorante rey, que con la muchedumbre de saetas oscureció el dÃa, llegó con alguna a ofender al Sol, o que habiendo echado muchas cadenas en el mar, pudo prender a Neptuno? De la manera que las cosas divinas están exentas de las manos de los hombres, sin que la divinidad reciba lesión de aquellos que ponen fuego a sus templos, ni de los que forman sus simulacros: asà todo lo que se intenta contra el sabio, proterva, insolente y soberbiamente, se intenta en vano. Dirás que mejor fuera que ninguno intentara hacerle ofensa: cosa dificultosa pretendes en desear inocencia en el linaje humano. Mayor interés fuera de los que quieren hacer injuria al sabio en no hacérsela, que el que tiene el sabio en no recibirla; pero aunque se le haga, no la puede padecer; antes juzgo que aquella sabidurÃa que entre las cosas que la impugnan se muestra tranquila es la que tiene más fuerzas, al modo que es indicio de que el emperador se halla poderoso en armas y soldados cuando se juzga seguro en las tierras del enemigo. Separemos, si te parece, amigo Sereno, la injuria de la afrenta. La primera es por su naturaleza más grave, y esta segunda más ligera; y solos los delicados la juzgan por pesada; y no siendo con ella damnificados, sino solamente ofendidos, es tan grande el dejamiento y vanidad de los ánimos que son muchos los que piensan no les puede suceder cosa más acerba. Hallarás algún esclavo que quiera más ser azotado que abofeteado, y que juzgue por más tolerable la muerte que las palabras injuriosas; porque hemos llegado ya a tan grande ignorancia, que no nos sentimos tanto de dolor, cuanto de su opinión; como los niños a quien ponen miedo la sombra, la deformidad de las personas y las malas caras, y les hacen llorar los nombres desapacibles a los oÃdos, y las amenazas de los dedos, y otras cosas de que, como poco próvidos, huyen.