Tratados morales
Tratados morales No tendrás razón en decir lo que sueles, que este nuestro sabio no se halla en parte alguna, porque nosotros no fingimos esta vana grandeza del humano entendimiento, ni publicamos gran concepto de cosa falsa, sino como lo formamos os lo damos y os lo daremos, si bien raramente y con grande intervalo de los tiempos se halla, porque las cosas grandes que exceden el vulgar y acostumbrado modo no nacen cada día. Antes recelo que este nuestro Catón, que dio motivo a nuestra disputa, es superior a nuestro ejemplo; y, finalmente, el que ofende ha de tener mayores fuerzas que el que recibe la ofensa, pues si la maldad no puede ser más fuerte que la virtud, claro está que no podrá ser ofendido el sabio: porque sólo son malos los que intentan injuriar a los buenos, porque entre los justos siempre hay paz, y no pudiendo ser ofendido sino el inferior y el malo, lo es del bueno; y los buenos no pueden tener injuria si no es de los que no lo son, claro es que el sabio no puede ser injuriado. Y no tengo que advertirte de nuevo que no hay otro que sea bueno sino el sabio. Dirásme que aunque Sócrates fue condenado injustamente, al fin recibió injuria. Para esto conviene que sepamos que puede suceder que alguno me haga injuria y que yo no la reciba, como si una persona, habiendo hurtado alguna cosa de mi granja, me la pusiese en mi casa: este tal cometió hurto, pero yo no perdí cosa alguna; así, puede uno ser dañador sin hacer daño. Acuéstase un casado con su mujer juzgando que es ajena; éste será adúltero sin que lo sea la mujer. Danle algún veneno que, mezclado con la comida, perdió la fuerza; pero con darme el veneno, aunque no me dañó, se hizo sujeto a la culpa; y no deja de ser ladrón aquel cuyo puñal quedó frustrado con la ropa. Todas las maldades son perfectas cuanto a la culpa, aunque no se consiga el efecto de la obra; pero hay algunas en tal modo unidas, que no puede estar lo uno sin lo otro. Yo procuraré hacer evidente lo que digo: puedo mover los pies sin correr, pero no puedo correr sin moverlos; puedo estar en el agua sin nadar, pero no puedo nadar sin estar en el agua. De esta calidad es lo que trato: si recibí la injuria, es fuerza que se hiciese; pero no es fuerza que por haberse hecho la haya yo recibido, porque pueden haberse ofrecido muchas cosas que hayan apartado la injuria; y como algunos sucesos pueden detener la mano levantada y apartar las saetas disparadas, si puede haber alguna cosa que repela cualesquier injurias, deteniéndolas, de modo que aunque sean hechas no sean recibidas. Demás de esto, la justicia no puede sufrir lo injusto, por no ser compatibles dos contrarios, y la injuria no puede hacerse si no es con justicia.