Tratados morales
Tratados morales La que hay entre los fortÃsimos gladiadores, que unos sufriendo las heridas están firmes, y otros volviendo los ojos al pueblo, que clama, dan indicios de su poco valor; no mereciendo que por ellos se interceda. No pienses que es cosa grande en lo que discordamos; sólo se trata de aquello que es lo que sólo nos pertenece. Entrambos ejemplos nos enseñan a despreciar las injurias y contumelias, a quien podemos llamar sombras y apariencias de injurias; para cuyo desprecio no es necesario que el varón sea sabio, basta que sea advertido, y que pueda hacer examen, preguntándose si lo que le sucede es por culpa suya o sin ella; porque si tiene culpa, no es agravio sino castigo; y si no la tiene, la vergüenza queda en quien hace la injuria. ¿Qué cosa es ésta a que llamamos contumelia? Que te burlaste de mi calva, de mis ojos, de mis piernas o mi estatura. ¿Qué agravio es decirme lo que está manifiesto? De muchas cosas que nos dicen delante de una persona nos reÃmos; y si nos la dicen delante de muchas, nos indignamos, quitando la libertad a que otros nos digan lo que nosotros mismos nos decimos muchas veces. Con los donaires moderados nos entretenemos, y con los que no tienen moderación nos airamos.