Tratados morales
Tratados morales Refiere Crisipo que se indignó uno contra otro porque le llamó carnero marino. Y en el Senado vimos llorar a Fido Cornelio, yerno de Ovidio, porque Corvulo le llamó avestruz pelado: había tenido valor contra otras malas razones que le infamaban las costumbres y la vida, y con ésta es le cayeron feamente las lágrimas; tan grande es la flaqueza del ánimo en apartándose de la razón. ¿Qué diremos de que nos damos por ofendidos si alguno remeda nuestra habla y nuestros pasos o si declara algún vicio nuestro en la lengua o en el cuerpo? Como si estos defectos se manifestaran más con remedarlos otros, que con tenerlos nosotros. Muchos oyen con sentimiento la vejez y las canas a que llegaron con deseos; otros se ofendieron de que les notaron su pobreza, escondiéndola de los otros cuando entre sí se lamentan de ella. Según lo cual, a los licenciosos que con decir pesadumbres tratan de hacerse graciosos, se les quitará la materia si tú, voluntaria y anticipadamente, te adelantares a decirte lo que ellos te podrán decir: porque el que comienza a reírse de sí, no da lugar a que otros lo hagan. Hay memoria de que Vatinio, hombre nacido para risa y aborrecimiento, fue un truhán, donairoso y decidor, y solía él decir mucho mal de sus pies, y de su garganta llena de lamparones, con lo cual se libró de la fisga de sus émulos, aunque tenía más que enfermedades; y entre otros, se escapó de los donaires de Cicerón. Si aquél con la desvergüenza, y con los continuos oprobios con que se habituó a no avergonzarse, pudo conseguirlo, ¿por qué no lo ha de alcanzar el que con estudios nobles y con el adorno de la sabiduría hubiere llegado a alguna perfección? Añade que es un cierto género de venganza quitar al que quiso hacer la injuria el deleite de ella: suelen los que las hacen decir: «Desdichado de mí, pienso que no lo entendió»; porque el fruto de la injuria consiste en que se sienta y en la indignación del ofendido; y demás de esto, no hayas miedo que falte otro igual que te vengue.