Tratados morales

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Capítulo XXI

¿Quién hay de tan soberbia y desenfrenada arrogancia que en esta inevitable necesidad de la naturaleza (que produjo todas las cosas a un mismo fin) pretenda que él y los suyos hayan de ser exentos, queriendo libertar alguna casa de la ruina que amenaza a todo el orbe? Será, pues, de grande consuelo pensar cada uno que le sucede lo que padecieron todos los que pasaron, y lo que han de padecer todos los que vinieren; y juzgo que por esta causa quiso la naturaleza que fuese común todo aquello que hizo más acerbo, porque la igualdad sirviese de consuelo en las asperezas del hado. Y no te ayudará poco el considerar que el dolor ni a ti ni a la persona que te faltó ha de ser de provecho; con lo cual no has de querer dure lo que a entrambos ha de ser infructuoso. Si con la tristeza hemos de aprovechar algo, no rehúso dar a tu desgracia la parte de lágrimas que ha quedado de las mías, que si te han de ser de algún provecho, todavía en estos ojos consumidos con llantos domésticos hallaré algún humor. No ceses, lloremos, que yo quiero tomar por mía esta causa: «A juicio de todos fuiste, oh fortuna, reputada por acerbísima en haberte desviado de aquel que por beneficio tuyo había llegado a tanta estimación, que ya su felicidad (cosa que pocas veces sucede) estaba libre de la envidia.


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