Tratados morales
Tratados morales «Pusiste, pues, la mira en aquellos en que más le podías ofender; porque cuando cada uno es mejor, sabe por la misma razón sufrirte más cuando te ve enfurecida sin causa y tremenda entre los halagos. ¿Qué te costaba dejar libre de injurias aquel varón a quien parece había venido tu liberalidad movida más por razón que por tu acostumbrado antojo? Añadamos (si te parece) a estas quejas la buena inclinación de aquel mancebo que cortaste entre sus primeros acrecentamientos.» El difunto, oh Polibio, fue digno de tenerte por hermano, y tú eres dignísimo de no tener ocasión de dolerte aun por muerte de algún indigno hermano. Él tiene igual testimonio de todos los hombres que le echan menos en honor tuyo, alabándole en el suyo, sin que jamás hubiese tenido acción que con gusto no le reconocieses. Tú aun para hermano menos bueno, fueras bueno; pero habiendo tu piedad hallado en él idónea materia, se extendió con más libertad. Ninguno conoció con injuria su potencia, a nadie amenazó con que eras su hermano. Habíase ajustado al ejemplo de tu modestia; porque cuanto eres de esplendor a tu linaje, le eres de carga para que te imite, y él satisfizo a esta obligación. ¡Oh duros hados nunca justos con las virtudes! Antes que tu hermano conociese su felicidad, fue arrebatado. Bien veo que esta mi indignación no es suficiente, porque no hay cosa tan dificultosa como hallar palabras proporcionadas a un gran dolor; pero, ¡ea!, si nos ha de ser de algún provecho, quejémonos. «¿Qué es lo que quisiste hacer, oh injusta y violenta fortuna? ¡Oh! ¿Tan presto te arrepentiste de tus dádivas? ¿Qué crueldad es ésta? Hiciste división entre dos hermanos, deshaciendo con sangriento robo la concordísima compañía, y turbando la casa adornada de tan concordes mancebos (sin que en ellos hubiese alguno que degenerase) sin razón alguna la sacrificaste. Según esto, no es de provecho la inocencia ajustada con las leyes, ni la antigua frugalidad, no la potencia de grande felicidad, no la observada abstinencia, no el sincero y puro amor de las letras, ni la conciencia limpia de toda mancha.» Llora Polibio, y advertido con la muerte de un hermano de lo que puede temer en los demás, viene a tener temor en lo mismo que es el consuelo de su dolor.