Tratados morales

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Capítulo XXIV

Atrévome a decir que en todo el orbe no hay persona que se deleite con tus lágrimas.

Pues dime: ¿para qué son? ¿Piensas que tu hermano tiene contra ti el ánimo que ningún otro tiene, queriendo que con tu aflicción te atormentes, y que pretende apartarte de tus ocupaciones, quiero decir, de tus estudios y del servicio del César? Esto no es verosímil, porque siempre te amó como a hermano, veneró como a padre y respetó como a superior; y así, aunque quiere que le eches menos, no quiere que te atormentes. ¿De qué, pues, sirve que te consuma el dolor que tu mismo hermano (si es que en los difuntos hay sentidos) desea que se acabe? De otros hermanos, de cuya voluntad no hubiera tan segura certeza, dijera yo con duda esto. Si tu hermano deseara que con incesables lágrimas te atormentaras, no fuera digno de este tu afecto; y si él no lo quiere, deja tú ese inútil dolor.




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