Tratados morales
Tratados morales También apartará de ti el excesivo dolor el persuadirte que ninguna de las cosas que haces se pueden encubrir. Grande estimación te ha dado el común aplauso de los hombres; conviene conservarla. Toda esta muchedumbre de consoladores que te tiene cercado atendiendo a tu ánimo, mira que fuerzas tiene contra el dolor; y especulando si sabes visar de tanta destreza en las cosas prósperas que sepas sufrir varonilmente las adversas, pone sus ojos en los tuyos. Más libres son las acciones de aquellos cuyos afectos se pueden encubrir. Para ti no hay secreto libre, por haberte puesto la fortuna en mucha luz. Todos sabrán cómo te has gobernado en esta herida, y si en recibiéndola rendiste las armas, o si estuviste firme en el puesto. DÃas ha que el amor de César te levantó al más alto estado a que te trajeron tus estudios. Ninguna acción plebeya y humilde te es decente. ¿Qué cosa hay tan ratera y afeminada como entregarte al dolor para que te consuma? En igual sentimiento no te es lÃcito lo que es a tus hermanos. La opinión recibida de tus estudios y costumbres no te permite muchas cosas. Mucho es lo que los hombres quieren y esperan de ti. Si querÃas que todo te fuese lÃcito, no habÃas de haber atraÃdo a ti los ojos de todos. Ahora es forzoso que des todo lo que prometiste a los que alaban y celebran las obras de tu ingenio; que aunque algunos no necesitan de tu fortuna, necesitan muchos de tu talento. Atalaya son de tu ánimo, con lo cual jamás podrás hacer acción alguna indigna de varón perfecto y erudito, sin que muchos se arrepientan de lo que de tus partes se admiraron. No te es lÃcito llorar con demasÃa; y no es esto sólo lo que te es lÃcito, pues aun no lo es el extender el sueño a una mÃnima parte del dÃa, ni lo es el huir de la muchedumbre de los negocios retirándote al ocio de tu jardÃn ni el recrear con algún voluntario paseo el cuerpo fatigado con la asistencia del trabajoso oficio, ni alentar el ánimo con la variedad de espectáculos ni disponer el dÃa a tu albedrÃo.