Tratados morales
Tratados morales «Marco Antonio, mi abuelo, a nadie inferior, sino a aquel de quien fue vencido, oyó la muerte de un hermano en la sazón que, adornado con la potestad triunviral y sin reconocer cosa que le fuese superior, excepto los dos compañeros, teniendo por inferiores a todos los demás, estaba formando la república. (¡Oh desenfrenada fortuna, que de los humanos males haces deleites para ti!) Al tiempo que Marco Antonio era árbitro de la vida o muerte de sus ciudadanos, en ese mismo tiempo fue llevado un hermana suyo al suplicio, y sufrió esta tan grave herida con la misma grandeza de ánimo con que había sufrido otras adversidades, y sus llantos fueron hacer las exequias a su hermano con la sangre de veinte legiones. Pero dejando muchos ejemplos y callando en mí otros entierros, la fortuna me ha acometido dos veces con muertes de dos hermanos, y entrambas ha conocido que, aunque ha podido ofenderme, no ha podido vencerme. Perdí a mi hermano Germánico, a quien amaba como podrá entender el que supiere cómo se aman los buenos hermanos. Pero de tal modo gobernó los afectos, que ni dejé de hacer cosa de las que deben hacer los buenos hermanos, ni hice alguna que fuese reprensible en un príncipe.» Advierte, Polibio, que el padre de todos es el que te ha referido estos ejemplos, y que él mismo te ha mostrado que para la fortuna no hay cosa sagrada ni reservada, pues se atrevió a sacar entierros de la familia de donde había de sacar dioses.