Tratados morales
Tratados morales Esto sólo alcancemos de ella con votos y plegarias públicas: que si no tiene hecha resolución de destruir el linaje humano, y si todavía mira con ojos propicios el nombre romano, se complazca de tener a este príncipe por sacrosanto, como todos los mortales le tienen, por ser dado para el reparo de las cosas humanas, que tan caídas estaban. Aprende de este piadosísimo príncipe la clemencia y la suavidad. Debes, pues, poner los ojos en todos aquellos que están referidos, que o están ya en el cielo, o cercanos a entrar en él; y con esto podrás sufrir con igualdad de ánimo las injurias de la fortuna que alarga hacia ti sus manos, pues no las aparta de aquellos por quien juramos. Debes imitar la firmeza de César en sufrir y vencer los dolores, caminando (en cuanto es lícito a los hombres) por las huellas divinas. Aunque hay en otras cosas gran diferencia de dignidades, la virtud siempre está en medio, sin desdeñar a ninguno de los que se juzgan dignos de ella. Irás bien si imitares a los que, pudiendo indignarse de no verse exentos de este mal, no tuvieron por injuria, sino por derecho de mortalidad, el ser iguales a los demás hombres, y llevaron los sucesos no con demasiada aspereza y enojo, ni baja ni afeminadamente.
