Tratados morales
Tratados morales Haga nuestro ánimo lo mismo, y cuando, habiendo seguido sus sentidos, hubiere por ellos pasado a las cosas externas, tenga autoridad en ellas y en sÃ, y (para decirlo en este modo) eche prisiones al sumo bien, que de esta suerte se hará una fortaleza y una potestad concorde, de la cual nacerá una razón fija, no desconfiada, ni dudosa en las opiniones, ni en las doctrinas, ni en la persuasión de sà mismo; y cuando ésta se dispone y se ajusta en sà y, por decirlo en una palabra, cuando hiciere consonancia, habrá llegado a conseguir el sumo bien, porque entonces no le queda cosa mala ni repentina, ni en que encuentre, o con que vacile. Hará todas las cosas por su imperio, y ninguna impensadamente; lo que hiciere le saldrá bien, con facilidad y sin repugnancia; porque la pereza y la duda dan indicios de pelea y de inconstancia. Por lo cual, con osadÃa has de defender que el sumo bien es una concordia del ánimo, y que las virtudes están donde hubiere conformidad y unidad, y que los vicios andan siempre en continua discordia.