Tratados morales
Tratados morales Y no llamo sabio a aquel sobre quien tiene imperio cualquier cosa, cuanto más si le tiene el deleite, porque el poseÃdo de él, ¿cómo podrá resistir al trabajo, al peligro, a la pobreza y a tantas amenazas que alborotan la vida humana? ¿Cómo sufrirá la presencia de la muerte, cómo la del dolor, cómo los estruendos del mundo y cómo resistirá a los ásperos enemigos si se deja vencer de tan flaco contrario? Éste hará todo lo que le aconsejare el deleite. Atiende, pues, y verás cuántas cosas le aconseja. Dirásme que no le podrá persuadir cosa torpe, por estar unido a la virtud. ¿No tornas a echar de ver las calidades del sumo bien, y las guardas de que necesita para serlo? ¿Cómo podrá la virtud gobernar al deleite, si le sigue, pues el seguir es acción del que obedece, y gobernar del que impera? ¿A las espaldas ponéis al que manda? Gentil oficio dais a la virtud, haciendo que sea repartidora de deleites. Con todo eso hemos de averiguar si en éstos que tratan tan afrentosamente a la virtud, hay alguna virtud, la cual no podrá conservar su nombre si se rindió. Mientras hablamos de esta materia, podré mostrarte muchos que han estado sitiados de sus deleites, por haber derramado en ellos la fortuna sus dádivas, siendo forzoso me confieses fueron malos. Pon los ojos en Nomentano y Numicio, que andaban (como éstos dicen) buscando los bienes del mar y de la tierra, reconociéndose en sus mesas animales de todas las provincias del orbe: mÃralos, que desde sus lechos están atendiendo a sus glotonerÃas, deleitando los oÃdos con músicas, los ojos con espectáculos y el paladar con guisados. Pues advierte que todo su cuerpo está desafiado de blandos y muelles fomentos; y porque las narices no estén holgando, se inficiona con varios hedores aquel lugar donde se hacen las exequias a la lujuria. Podrás decirme de éstos que viven en deleites, pero no que lo pasan bien, pues no gozan del bien.