Tratados morales
Tratados morales Por esta razón es dañosísima la alabanza del deleite, porque los preceptos saludables están encerrados en lo interior, y lo aparente es lo que daña. Mi opinión es (diréla, aunque sea contra el gusto de nuestros populares), que lo que enseñó Epicuro son cosas santas y rectas y aun tristes, si te acercares más a ellas, porque aquel deleite se reduce a pequeño y débil espacio, y la ley que nosotros ponemos a la virtud la puso él al deleite, porque le manda que obedezca a la naturaleza, para la cual es suficiente lo que para el vicio es poco. ¿Pues en qué consiste esto? En que aquel (séase quien se fuere) que llama felicidad al abatido oficio, al pasar de la gula a la lujuria, busca buen autor a cosa que es de suyo mala; y mientras se halla inducido de la blandura del nombre, sigue el deleite; pero no es el que oye, sino el que él trae; y como comienza a juzgar que sus vicios son conformes con las leyes, entrégase a ellos, no ya tímida ni paliadamente, sino en público y sin velo, y dase a la lujuria sin cubrirse la cabeza. Así que yo no digo lo que muchos de los nuestros, que la secta de Epicuro es maestra de vicios, antes afirmo que está desacreditada e infamada sin razón: y esto nadie lo puede saber sin ser admitido a lo interior de ella. El frontispicio da motivo a la mentira, y convida a esperanzas malas. Esto es como ver un varón fuerte en traje de mujer: mientras te durare la vergüenza, estará segura la virtud, y para ninguna deshonestidad estará desocupado tu cuerpo; en tus manos está el pandero. Elíjase, pues, un honesto título y una inscripción que levante el ánimo a repeler aquellos vicios que al instante que vienen le enervan las fuerzas. Cualquiera que se llega a la virtud, da esperanzas de generosa inclinación: y el que sigue el deleite descubre ser flaco, y que degenera, y que ha de parar en cosas torpes, si no hubiere quien le distinga los deleites, para que conozca cuáles son los que le han de tener dentro del natural deseo, y cuáles los que le han de despeñar: que siendo éstos infinitos, cuanto más se llenan, están más incapaces de llenarse. Ea, pues, vaya la virtud delante, y serán seguros todos los pasos. El deleite, si es grande, daña; pero en la virtud no hay que temer la demasía, porque en ella misma se encierra el modo, porque no es bueno aquello que con su propia grandeza padece.