Tratados morales

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Capítulo XXV

¿Pues qué razón hay para no ponerlas entre los bienes? ¿Y qué cosa les atribuyo más que vosotros, pues todos convenimos en que es bueno tenerlas? Oíd: ponedme en una casa muy rica, y en ella mucho oro y plata para igual uso. No me estimaré por estas cosas, porque aunque están cerca de mí, están fuera de mí. Llevadme asimismo a pedir limosna a la puente de madera, y apartadme entre los mendigos, que no me desestimaré por verme sentado entre los que extienden la mano al socorro. Porque al que no le falte la facultad de poder morirse, ¿qué le importa que le falte un pedazo de pan? Pues ¿qué culpa hay en desear más aquella casa rica, que la miseria de la puente? Ponedme entre alhajas resplandecientes y delicadas, que no por eso, ni porque mis vestidos sean más suaves, ni porque en mis convites se pongan alfombras de púrpura me juzgaré más feliz, ni al contrario me tendré por desdichado si reposare mi cansada cerviz sobre un manojo de heno, o sobre lana circense, que se sale por las costuras de los viejos colchones. Pues ¿qué hay en esto? Que quiero más mostrar mi ánimo estando vestido con ropa pretexta, que no con las espaldas desnudas. Para que todas las cosas me sucedan conformes a mis deseos, vengan unos parabienes tras otros, que no por eso tendré más agrado de mí.


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